"Jamás pensé que podía sentir tanto dolor… ni que la agonía se podía transformar en nuevas energías pasando de la pena a la ira.
Me ha sorprendido al tocar mi pecho para intentar respirar con normalidad no ver manar la sangre. Cuando miro los altos árboles del bosque que me rodea, a los que me agarré para no caer, ya que mis piernas se negaban a sujetarme, me resulta raro no verlos con manchas. Nunca pensé que se podía sufrir tanto.
Todo empieza y termina en… él. Lo conocí de forma casual, como todos, creo yo. Me enamoré sin esfuerzo y él me daba pie a ello. Él siempre aseguró que me correspondía y no me creo aún que mintiera tanto sin que se le erizase un solo pelo de la cabeza. Las lágrimas salen igual que antes, ahora, que escribo estas palabras que llevan su nombre. No puedo creerlo. No puedo creer que todas esas caricias, que esos besos, que cuando me cogía la mano, cuando me hablaba con esa voz tan dulce… todo era mentira. La mentira que me quitó la razón, que me hizo bajar la guardia, que hizo que me enamorara y que, ahora, haga que muera de agonía.
Pero no… No voy a dejarlo pasar. Ahora el dolor, como en la metamorfosis de las mariposas, se transforma en furia. En una ira… que hará que toda la aldea arda bajo mi poder. Aunque puede que lo que más sentido tendría sería contarlo todo.
Vale, tal vez fue un poco estúpido por mi parte curiosear en todos esos objetos de la casa que me mandaron limpiar mis padres. Era la vieja mansión de un hechicero que llevaba años, desterrado. Y, no se por qué, tuve que fijarme en un precioso guardapelo negro que ahora, curiosamente, llevo colgado del cuello. Lo abrí después de acariciarlo, sorprendiéndome de su brillo y de su textura suave.
Pero salió algo extraño, algo que no era de este mundo. Algo que me llamó por su nombre y me acarició el rostro con el aire que lo formaba.
- Gracias- me dijo, con voz sobrenatural- Gracias por liberarme. Ahora obtendrás tu recompensa.
- No necesito nada- aseguré muerta de miedo.
- Si lo necesitas- me contradijo- Desde hoy, querida, no serás una humana corriente. Desde hoy eres la Reina de los Espíritus.
- ¿Cómo?
Ahora me doy cuenta, de que para la situación, actué de forma muy fría. Quizás nunca me sintiera una humana corriente pero de todas formas, resulta raro ver con que determinación dejé que me nombraran algo superior a lo que era.
No sé lo que cambió ese ser dentro de mí, pero desde entonces, podía hacer cosas. Podía mover cosas con la mente, hablar con espíritus que rodeaban a todo el mundo, pero tenía la prudencia de no hacerlo delante de nadie, sabiendo como sabía, como de supersticiosos eran en mi aldea. Temen lo que no pueden controlar, y odian las cosas más poderosas que ellos. Y yo, de repente, me había convertido en una de esas cosas.
Una noche, tras hablar con él, me fui al cobertizo dándome cuenta de que el ser que me había transformado me necesitaba. Fui hasta allí no dándome cuenta de que el amor de mi vida, pretendía pegarme un susto de broma, siguiéndome y asaltándome por la espalda con suavidad.
En la conversación que tuve con el espíritu y la presencia que notó de algo sobrenatural se enteró de lo que yo era ahora y se quedó de piedra. Noté una presencia tras de mí y me giré asustada descubriéndolo con los ojos como platos y cuerpo tembloroso.
- Amor- llamé asustada pero a la vez tranquilizada.
A alguien le podría extrañar que me sintiera aliviada de verle a él ahí en vez de a cualquier otro. Y sí, fue algo estúpido. Como una cría pensaba que daba igual como fuera, porque el amor que él sentía por mí haría que aceptara lo que fuera y que guardara al secreto. Puede que hasta me alegrara de no tener que guardarle ese secreto nunca más.
- Pero… ¿Qué era eso?- preguntó.
Le conté la historia con toda la sinceridad que tengo e intentando no olvidar ningún detalle. Tan idiota como era creía que lo importante ahora era que lo supiera todo y que su seriedad se debía a la sorpresa.
Después de terminar, él me sonrió con la expresión de dulzura de siempre.
- No pasa nada, mi vida- me dijo mientras me abrazaba- Todo estará bien mañana.
Cerré los ojos, feliz de su reacción. Él era tan… perfecto. Me sentí como poseyendo el corazón de alguien que no merecía. Pero me equivoqué: Él era el que no me merecía a mí y tampoco tenía su corazón.
A la mañana siguiente me despertaron un millón de gritos aporreando la puerta de mi casa.
- ¿Qué ocurre?- le pregunté a mi padre que me miró con dureza y asco.
- ¡Maldita bruja!- escupió con ira mientras me agarraba por el cabello y me arrastraba hasta la puerta.
La multitud gritaba pidiendo mi muerte inmediata. Yo era una bruja malvada, decía a gritos, debía volver al infierno de donde salí.
No entendía nada. ¿Quién había contado a la gente mi secreto? Entonces me di cuenta… Él.
Me arrastraron hasta una mazmorra donde me quedé toda la mañana, sin creerme realmente que el me hubiera hecho algo así. Tenía que ser mentira. Él me amaba. Me lo había dicho tantas veces…
Me llevaron a mi juicio por la tarde, donde dijeron palabras vacías acerca de mi persona. Dudo que supieran hasta donde llegaba mi poder. Ni siquiera escuchaba al juez, ni los gritos de odio de la aldea entera. Simplemente estaba ocupada en no asumir que me habían apuñalado por la espalda. No presté atención… hasta que él subió al estrado."
Espero que os intrigue un poco... Va a estar más dividido de lo que pensaba porque no quiero cortarlo por ningún sitio importante.