Vaciló un momento antes de contestar. Eso me hizo dudar.
-Sí, lo haría –contestó- Sabes que por ti haría lo que fuese.
Cerré los ojos, más tranquila. Tenía la certeza de que algo saldría mal, necesitaba asegurarme de que dejaba a la criatura en buenas manos si me pasaba algo. Esperamos a que Tom volviese. No tardó mucho. Nos dijo que el señor Olsen nos dejaría en el centro, que no estaba muy lejos del hospital, así que nos vendría bien. Bajamos los tres y el señor Olsen nos estaba esperando ya, así que nos encaminamos hacia el coche. Bill me abrió la puerta y me dedicó una sonrisa que no parecía suya, temerosa y forzada. Me asusté. ¿Y si se echaba a atrás? Entré en el coche y me senté junto a la ventana. Bill se sentó a mi lado, pero no dejé que me abrazase. Necesitaba pensar… La música de la radio del señor Olsen comenzó a sonar. Parecía una canción triste pero apenas la escuché. Me dediqué a mirar por la ventana, tratando de pensar con claridad. ¿Por qué Bill se comportaría de ese modo? Decía que no iba a dejarme pero… ¿y esa sonrisa forzada? Tal vez solo fingiese delante del señor Olsen y… Dejé por un momento mis pensamientos al escuchar unas frases de la canción que me hicieron recordar.
En el amor no se puede mandar,
Llegó un extraño y se llevó
Mi corazón prendido a tu cuerpo.
Vete con él, se feliz, no sufras más.
Mi amor por ti no va a cambiar,
Aunque me quede solo
Tu recuerdo a mí me bastará…
Inconscientemente, cogí la mano de Bill. Era como si Jonh de repente me estuviese hablando. Me estremecí. Bill pasó su brazo sobre mis hombros y esta vez no se lo impedí. Pensar en Jonh estando Bill presente no era algo que me gustase. Trataba de evitarlo, pero aquello había sido inesperado. Suspiré. Hacía tiempo que había dejado atrás la tristeza, pero parecía volver en aquellos momentos. No quería dejar que ocurriese. Traté de pensar en algo alegre. Me vino a la mente el momento en el que Bill y yo nos reencontramos, nuestro primer beso en dos meses… Y la tristeza se alejó de mi corazón. Me acurruqué junto a Bill y me abrazó con más fuerza. El viaje se me hizo más llevadero. Bajamos en el centro, tal y como dijo Tom, y caminamos hasta el hospital. En recepción nos atendió una chica rubia que hacía su trabajo sin ganas. Nos hizo esperar un rato mientras ordenaba unos papeles una y otra vez. Luego cogió el teléfono y le anunció al médico de nuestra llegada.
-Segunda planta, tercer pasillo a la izquierda –dijo, con voz nasal- El doctor les atenderá cuando pueda. ¿Nombre?
-Ruth –contesté.
-Ruth, ¿qué más? –preguntó.
-Eh… -nunca me había planteado el misterio de mis apellidos- Thompson.
-Ruth Thompson para revisión –habló para el teléfono- Prepare también unas pruebas de paternidad, viene con dos chicos que…
-Oiga, sé quién es el padre –protesté.
-Bien, anule las pruebas –dijo al teléfono- Pero intente que…
Dejé de escuchar inconscientemente, me mareaba de nuevo. Me temblaron las piernas y, al volver la vista hacia abajo, vi que me pasaba lo mismo que aquella vez en la ducha. Inexplicablemente, salía sangre de mí. Bill me cogió a tiempo, por lo que no me caí, pero le veía muy asustado. Entre él y Tom me llevaron a un asiento cercano mientras esperábamos a los enfermeros. La recepcionista los había pedido y no tardamos en ver aparecer a una chica con una silla de ruedas. Me ayudaron a sentarme en ella y me llevaron a la consulta del ginecólogo. Apenas era consciente del ir y venir de varios médicos, apenas me importaba. Dejé que me examinasen las pupilas, que me tomasen la tensión… Oía el murmullo de voces pero no entendía qué decían. Tampoco me molestaba mucho no saberlo. Sentía la mano de Bill aferrando la mía, con eso me bastaba. Poco a poco, el mareo fue pasando, las voces se aclararon y pude entenderlas. Le hacían preguntas a Bill y éste las contestaba, pero sin alejarse de mí. Solo cuando me pidieron que me levantase y fuese con ellos a hacer unas pruebas, me soltó. Me llevaron a la estancia de al lado y me sacaron sangre, querían hacer unos análisis. Empezaron a hacerme preguntas.
-¿Ha sufrido antes otros síntomas parecidos a éste? –preguntó uno de los médicos que había allí.
-Sí –contesté.
-¿Cuáles? –volvió a preguntar.
-Pues… He vomitado varias veces en estos últimos meses y… una vez me pasó lo mismo que ahora… -contesté.
-¿Por qué no acudió antes al hospital?
-No he tenido tiempo, ¿sabe? –contesté, fatigada.
-Debe guardar reposo hasta que tengamos los análisis… -dijo el médico- ¿Trabaja o hace alguna actividad que suponga mucho esfuerzo?
-No… La verdad es que estoy tumbada o sentada casi todo el tiempo, evito ponerme de pie…
-Hace bien –el médico anotó algo en el portafolios que llevaba- ¿Sigue la dieta propia del embarazo?
-Yo… sigo comiendo lo mismo de siempre.
-Puede que el problema sea ése –contestó- Pero me extraña mucho que sea solo por eso, así que mejor esperar a que tengamos los análisis.
Me llevaron de nuevo a la sala donde estaban Bill y Tom esperando. Tom se quedó conmigo mientras Bill hablaba con los médicos en la otra sala. Tras un silencio un poco incómodo, él habló primero.
-Así que voy a ser tío… -dijo- Guao.
-Sí… -contesté- Nos ayudarás, ¿verdad?
-Claro que sí, quiero ser su tío favorito –contestó, alegre, aunque luego se puso serio- Bueno, en realidad seré su único tío.
-Seguro que lo harás bien –dije- Bill y tú parecéis inseparables, es algo que quiero que mi hijo vea y aprenda de eso en caso de que tenga un hermano… -sonreí- Pero aún queda mucho para eso.
-Bueno, tiempo tenéis de sobra –dijo.
-Sí, y él tendrá la suerte de poder tener una familia…
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Bueno... que hacía mil que no me pasaba...
Foto: en la Otaku..
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