Kenji sintió que un escalofrió le recorría la espalda mientras ella bajaba la mano en dirección a su cadera. Se encogió de hombros y se apartó de ella. Jamas hablaría de esa marca con nadie.
-No es nada.
Shizuka salió del cuarto de baño y se fue hacia su cuarto, dejándolo solo.
Kenji arrojo la sabana al suelo, cuando Shizuka regresó tras él con una toalla roja, y se quedo paralizada al verlo desnudo. Tras dejar la toalla sobre el lavabo, dio una vuelta completa a su alrededor para observarlo de arriba abajo.
-Eres la perfección masculina ¿lo sabias?
Se habría sentido halagado si ella no le hubiera contemplado como si de un coche se tratara. Esa mujer no hablaba asi movida por el deseo. Su voz carecía de entonación.
En ese momento la mirada de ella se posó sobre su erección y su rostro adquirió el mismo tono rojizo que la toalla.
-Lo siento –se disculpó con rapidez –Suelo hacer las cosas sin pararme a pensar. -Ya lo he notado –sin embargo, lo que hacia que la situación fuera tan incomoda era que ella seguía con los ojos clavados en su erección. Ni siquiera había hecho el intento de mirar hacia otro lado. -No se puede negar que eres... grande –añadió Shizuka.
Kenji sintió que se sonrojaba por primera vez desde hacia años. Agarro la toalla y se cubrió con ella.
Solo entonces Shizuka apartó la mirada
-Espera voy a buscarte una cuchilla de afeitar –Se puso de rodillas y le ofreció a Kenji una encantadora vista de su trasero mientras rebuscaba en un armario de mimbre que había junto al lavabo. Movía las caderas de una forma tan incitante que estaba logrando avivar su deseo.
Kenji tensó la mandíbula. Esa mujer tenia el culo más sexy que había visto en la vida. Uno que le prendió fuego a su entrepierna cuando comenzó a imaginarse quee le alzaba esa falda medio transparente para deslizarse dentro y fuera de ese cuerpo húmedo por el deseo hasta que los dos acabaran sudorosos y exhaustos.
No tenia ninguna duda de que esa mujer dejaría bien satisfecho a un hombre. Y el siempre había sentido debilidad por las mujeres con curvas generosas y...
Shizuka se puso en pie con una cuchilla de afeitar de color rosa.
Kenji frunció los labios ante la posibilidad de usar algo tan femenino.
-¿tienes algo que no sea rosa? -Tengo una cuchilla morada si lo prefieres -te lo agradecería
Al instante la chica sacó una cuchilla de color rosa oscuro.
-Eso no es morado –protestó Kenji –¡es rosa!
Ella puso los ojos en blanco.
-Bueno pues es lo único que tengo, a menos que quieras usar mi cúter.
Demasiado tentado por la sugerencia, cogió la cuchilla.
Shizuka no se movió hasta que lo vio entrar en la antigua bañera de patas con forma de garra y cerrar la cortina a su alrededor. Solo entonces cedió a la tentación de morderse los nudillos ante la visión de esa espalda desnuda. Sin dejar de abanicarse el rostro se obligó a salir del cuarto de baño y regresar a la cocina. Aunque lo que en realidad le apetecía era arrancarse la ropa, mecerse en la ducha con él y enjabonarle todo ese enorme cuerpo, fibroso y sensual, hasta que pidiera clemencia. Sentir toda esa piel suave y firme bajo sus manos seria el paraíso.