[Buenos días, campistas. Con esta pequeña historia digo adiós hasta dentro de un año a los defenestrados jolgorios festivos. A mi manera.]
Estaba perdida y eso ya no tenía remedio.
Como engullida por una especie de calamar negro y reluciente, la niña vagaba por las calles de la ciudad. Triste. Asustada. Pero no sola. Su muñeca nueva estaba con ella.
Era nueva. Aún estaba impoluta, limpia, y con la piel blanca como la nieva. Acababa de comprarla hacía menos de una hora, cuando aún recorría el centro comercial con sus padres. Cuando aún estaba contenta y entusiasmada.
Pero se perdió. La muchedumbre la apartó de su papá y de su mamá. Se vio arrastrada y, sin rumbo, fue hasta donde pudo encontrar un hueco. Acabó en la calle.
Y se perdió. Entonces ya nada tuvo remedió.
Anduvo por las calles con el corazón encogido y los ojos secos del llanto silenciado por el ensordecedor devenir urbano. Nadie reparaba en ella. Nadie la escuchaba. Era un pequeño punto de desesperación en mitad del jolgorio festivo y la orgía consumista.
Pronto se sintió mal. Muy mal. Peor que antes. Entre el bosque de piernas y bolsas de plástico la claustrofobia y los nervios pudieron al miedo del abandono. Se desvío por donde pudo e hizo algo que nunca le habrían dejado hacer. Entró en los callejones, allí donde la luz era engullida por las negras bocas de las serpientes hambrientas.
Ella y su níveo aspecto se recortaban contra la penumbra y la miseria. Ella y su muñeca. Ella y la luz que emanaban los sueldos de papá y mamá. Todo ello enfrentado a la oscuridad. Una pugna melancólica y triste que la muchacha no podía entender, pero deseaba ganar.
Estaba aterrada. Quería ganar y volver con su papá y con su mamá.
Recorrió la oscuridad y piso la miseria. Cruzó los ojos con seres pegados a la penumbra. Huyó de hombres que se arrastraban... Que la miraban con una nota de necesidad que ella era incapaz de comprender. Llamó varias veces a mamá. Solo respondían gemidos y jadeos desde los sucios portales. La llamó de nuevo, y respondió una voz rota y ronca que se echó a reír.
Corrió aún más.
Trastabilló y cayó cuando sus cortas piernas y los apretados pulmones no dieron más de sí. Nada había mejorado. Nada había cambiado. Se sentía aún más rodeada. De rodillas, se echó a llorar de nuevo, aferrando la muñeca, que para ella ahora era un verdadero talismán de un mundo que acababa de dejar atrás, de un carrusel de luces y juguetes, de la felicidad de los hogares y las fiestas, de los padres y de las madres, y de la alegría de una fiesta que nunca conseguía olvidar.
Lloraba intensamente cuando consiguió verlo. A unos pocos pasos, ante ella, un hombre estaba echado contra la pared, bajo la tenue luz de un foco que sobrevivía a los años. Sucio, sucio, sucio. Jadeaba tanto que le daba miedo. Ver su abrigo, medio roto y lleno de bichos que nunca habría querido ni soñar, la asustó aún más. Sentirle moverse fue suficiente para calmar su llanto de puro terror.
Él la miró fijamente. Era dorada. Brillaba. Oro, oro, oro. Notó el sabor del oro en el paladar. Vio más allá del callejón. Ojeó sobre colinas verdes y voló en atardeceres plateados. Sintió la suave brisa de la pureza sobre el picado rostro. Sonrió débilmente. Todo lo que le dejaba el frío, que le hacía temblar de pies a cabeza como si fuera a desarmarse.
Levantó un brazo hacia ella. Lo estiró. Quiso abarcar lo que estaba viendo. Quiso abarcar lo que ella significaba. Tocar, tomar. Ella retrocedió asustada por el gesto. Él notó quebrar algo bajo el pecho, pero no desistió. Lo anhelaba. Quería ir con el ángel, ahora que sabía que le estaba llegando la hora. Quería que se lo llevara el ángel, y no el frío.
Lo pidió entre murmullos, pero no se le entendió. Le temblaba demasiado la barbilla y no podía decir nada.
Levantó el otro brazo. Tenía que luchar. Lloró. Lágrimas bajaron por sus mejillas heridas.
La niña continuaba aferrando la muñeca, sin apartar su mirada de los ojos suplicantes de aquel hombre feo y sucio. No podía quitarlos de ahí. Notó quebrar algo bajo el pecho.
Gateó. Brillaba. Le deslumbraba más cuanto más se acercaba a él, pero era justo lo que necesitaba. Por fin notaba calor. Por fin derrotaba al frío, aunque ya fuera demasiado tarde y el cuerpo hacía tiempo que le había dado su última oportunidad. Lloró más. Era el fin. El fin. Pero debía ser el fin más hermoso que había tenido alguien.
Ella se sintió rodeada por los brazos del hombre sucio, pero poco a poco la desconocida compasión ganaba terreno al miedo y a la repulsa en el campo de batalla que se disponía bajo el pecho.
Soltó la muñeca. Abrió los brazos. Sintió mucho frío.
Él, mucho calor. Su cuerpo se dormía, poco a poco. Los párpados pesaban. Las lágrimas empezaban a dejar de caer. Pero con las últimas fuerzas rodeo el cuerpo menudo y perfecto del ángel. No quería tocarla. No quería romperla, ni ensuciarla. Solo deseaba tener calor antes de irse... Antes de irse. Había llegado el momento.
Ella lloró. Lloraba porque hacía mucho frío, y porque el hombre sucio ya no se movía. Se amarró a sus costados, apoyó la cabeza en su pecho. Lloró mucho. Se acurrucó, y sin querer pisó la cabeza de la muñeca con una rodilla. La muñeca se rompió. El foco se apagó.
Entonces ya no tuvo remedio.
Comments on this Flogup (5/25):
nksnumber32 @ 07/01/2009 at 14:43 wrote:
No será Madeleine la chiquilla?
izquierdo @ 07/01/2009 at 23:26 wrote:
igual te digo que a nksnumber32, gracias... eso solo me ocurre en contadas ocasiones.... no es lo mio :( solo cuando la "musaraña" ;) se despierta que no suele ser a menudo¡¡¡¡¡
Mañana te leeré con cierta calma o sino pasado, pero te leeré.
Millllllllbesossssssssssss, buenas noches.
chicaairis @ 07/01/2009 at 23:28 wrote:
y qué le pasó a la niña? encontró a sus padres? en la realidad, lo penoso, es que el vagabundo en vez de haberla palmado pudo haberse empalmado..pero eso seria otra historia :P
chicaairis @ 08/01/2009 at 15:42 wrote:
la gente muere, no debería dar pena. la pena la da el afecto...como mucho sientes una identificación con esa muerte :P o eso pienso yo..pero vaya q yo digo q el amor est´muerto..así que tp hay que hacerme mucho caso ^^
Consigliere @ 08/01/2009 at 17:29 wrote:
Segun mi opinion uno de los mejores relatos que ha salido de tu mente.
¡Viva y Bravo, Imperialista!