La luna brillaba intensamente en lo alto del cielo, alumbrando un castillo que se encontraba perdido en medio del bosque.
Por el estrecho y tortuoso camino que conducía hasta el castillo, caminaba tranquilamente un joven de cabellos rubios y ojos de un profundo color azul. Hacía poco tiempo que se había adentrado en el espeso bosque, dejando atrás el pueblo en el que vivía y la fiesta que allí estaba teniendo lugar, para dirigirse rumbo al castillo.
Una vez llegó al final del camino, empujó la gran puerta que le cortaba el paso y se adentró en el lugar. Este se compónía de un largo pasillo lleno de hermosas pinturas de diferentes paisajes y varios candelabros que alumbraban el camino. El pasillo desembocaba en una inmensa sala de baile llega de gente, donde la gran mayoría se encontraba bailando una música lenta y todos portaban una máscara y vestían muy elegantes: ellos de traje negro y ellas con vestidos pomposos de colores pastel. Daba la impresión de estar rodeados por muñecos de porcelana debido a lo pálido de su piel, a lo sonrosado de sus labios y a lo delicados que se veían, como si al caerse se fuesen a romper en mil pedazos.
De entre todos ellos surgió repentinamente un joven alto de ojos verdes y pelo rojizo, que mo llevaba máscara y que vestía con un color distinto al de los demás hombres de la sala; repentinamente tendió su mano hacia el chico rubio, que la tomó comenzando ambos a bailar, mezclándose entre la gente. Minguno de los dos podía apartar la mirada del otro principalmente por que ninguno de los deseaban romper el contaxto visual. Cuando los músicos terminaron de tocar la canción, el pelirrojo tomó la mano de su acompañante y lo guió hasta el gran jardín al que daba la sala de baile hasta llegar a un arco formado por un rosal. Poco a poco el menor fue recordadndo de que conocía al pelirrojo, y en pocos segundos le recordó, en el pueblo se habían cruzado varias veces y sus encuentros eran cada vez más abundantes rozando lo absurdo.
Al dase cuenta el mayor de que había sido reconocido, sonrió y lo tomó por la cintura acercándose el uno al otro cada vez más hasta que estubieron pegados, en ese momento el de ojos verdes poso un suave beso sobre los labios del menor para despues bajar hasta su cuello, el cual lamió lentamente para después morderlo, alimentándose de su sangre.
No hubo resistencia alguna ya que él también deseaba que eso ocurriese y decidió cerrar sus ojos y dejarse llevar pensando en que ahora podrían estar juntos por siempre...
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