Sangre.
Humeando.
Humeante.
Este es el calor del invierno, del verano su fragor. Nada quema con este ardor, nada brilla como este color.
El rojo es el color del invierno. El de la venganza, la cruenta batalla. Y es que no hay un rojo más brillante que el de la sangre en la nieve.
Tu sangre en la nieve.
Son gotitas de dolor, salpicaduras, lastres que me voy quitando de encima. Por aquí se te va la vida, por esta herida, este puñal en el corazón.
Decidiste que no latiría por mí.
Decidí que no latirías por nadie.
No siempre fue así.
En la primavera de nuestros días teníamos un frenesí especial; unas fiebres de amor. Habíamos inventado nuestro propio compás del ritmo de un corazón, uno solo tuyo y mío, mi amor. Bajo los bosques corríamos, por los desiertos volábamos, y el único trono que era dominio nuestro era el del cielo, entre los vientos. Yo era tu princesa y tú mi carcelero. El de los besos.
Con promesas de hierro.
Me tatué las caricias de tus manos en mi piel, el tacto de tu boca en el cuello, el sonido de tu aliento en la nuca. Con punzón sangriento me perfile tus iniciales en lo más hondo, las repasé día a día; hasta que fueron cicatrices y no futiles y olvidadizas iniciales.
Puede ser que de tanto usarlo, se nos gastó el amor.
Puede ser que de tanto calor nos ahogamos.
En verano no éramos dos, sino uno, en silencio en el salón. En la habitación. En el balcón. En cualquier lugar, tú y yo; nos.
Habíamos desterrado al frío, nuestros corazones funcionaban a un par de grados por encima de lo normal. Los estábamos forzando. Destrozando. Hacer descender el termostato sería como desinflar un globo que cuando vuelve a su postura primigenia queda arrugado y flácido. Así quedaría nuestro artífice de emociones. Como una uva pasa de venas, arterias y sangre.
Yo digo que sí, sí se puede morir de amor. Estas eran nuestras fiebres. Ni el agua nos mataba; las ventiscas que hubieran podido venir, se convertían en vapor. Mordiscos al corazón.
Creo que de tanto quererte, te acostumbraste a la sensación.
Y creo que ese fue tu peor error.
Con las lluvias del otoño, todo se mojó. Nuestras ganas, nuestras ilusiones, nuestras promesas y palabras. A mí siempre me había gustado la lluvia, tengo un chaleco antibalas en el pecho y un sistema impermeable de doble cierre en el corazón. Lástima que lo único que guardaba era tu nombre, mi amor.
Mientras tanto el candado se oxidó. Los brotes verdes se secaron, las hojas amarillentas de los árboles ralearon. Si ahora yo tenía una alfombra, eran mis pies de princesa sobre un manto de hojas secas. Nada de nubes.
Nos habían echado del cielo por tu culpa, carcelero.
¿Dónde echaste las llaves de nuestro secreto?
Ahora ha caído el invierno, la noche.
Todo es blanco o negro. No hay colores, ni más estaciones. Todo es eterno, vacío y desierto. Recuerdo que una vez me dijiste que realmente no podías distinguir bien los colores. El rojo podría ser la única excepción.
Como ves, me he ocupado de que sea todo como tú querías. Blanco y negro. Y si hay rojo, es de sangre, lo sabes. El más perfecto color.
Y es que te voy a desangrar minuto a minuto, segundo a segundo; te voy a arrancar ese músculo sin nombre que gastas, y con él todos las venas y arterias que como un árbol se ramifican por tu tronco. Porque ya no las necesitas. Es invierno, y te prometo que tú no vas a florecer. Vas a ser, como la mierda, mi abono. Y créeme cuando te digo…
Que ahora vas a odiar el frío. Pero te vas a acostumbrar igual que al calor.
(Para mi gran amigo Voster, inspirado en una historia que nos ocurrió a los dos. Paralelamente.)
Comments on this Flogup (5/25):
rolando_cortes @ 04/02/2010 at 23:18 wrote:
OoooH!!!!, Esto es como el amor de la araña, vengativa y canibal; se deja amar y después... mata y come. Es como si dijera: si no eres mío, no lo serás de nadie.
En la ausencia de luz no existe el color. La fuente de luz da origen a todos los colores.
Sin duda un relato escalofriante
Un abrazo cálido y un beso tierno.
ser_o_no_ser @ 04/02/2010 at 23:49 wrote:
(Acerca de la perfección)
sinclair @ 05/02/2010 at 18:30 wrote:
No te maravilles, te aseguro que tampoco vale la pena.
"Érase una vez un individuo, de nombre Harry, llamado el lobo estepario. Andaba en
dos pies, llevaba vestidos y era un hombre, pero en el fondo era, en verdad, un lobo
estepario. Había aprendido mucho de lo que las personas con buen entendimiento
pueden aprender, y era un hombre bastante inteligente. Pero lo que no había aprendido
era una cosa: a estar satisfecho de sí mismo y de su vida"
akasha_ @ 06/02/2010 at 11:19 wrote:
No esta nada mal ;)
wolfgang @ 08/02/2010 at 17:56 wrote:
El amor es para los que no tienen en cuenta los daños colaterales, para los que viven el momento sabiendo que nada es eterno. Como decía Lope de Vega: "No hay pepitoria que tenga más menudencias de manos, tripas y pies." Un arma muy poderosa, que un día te olvidas de coger por la empuñadura y agarras por la hoja... Algunos son valientes y cortan su hemorragia, los cobardes mueren desangrados.
El texto no tiene pega posible, narrado con precisión y con una veracidad que viene a corroborar lo que digo más arriba.
Por eso no hay nada como jugar ...
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