Supongo que has salido de fiesta, y supongo bien.
Nada de whisky barato, ginebra o soda de tercera. Siempre tuviste clase y elegancia, estilo y caché. Alto nivel.
Sé que el color favorito de tu chaqueta era el gris marengo, y que la línea de tus pantalones siempre tenía que estar perfectamente marcada. También recuerdo que eras un pijo en esto de las corbatas, el cuello de la camisa y los gemelos.
Hoy irás impecable, con un pañuelo doblado en el bolsillo del corazón, y en la mano derecha, la contraria al amor, una bella flor. Un flor con pies, piernas, un collar de perlas y un escote de vértigo. Pero poco escándalo, que sé que a tí no te gusta nada.
Aún consigo acordarme de tu cara sujetando un bebé contra tu pecho, el orgullo brillando en tus pupilas, la ilusión brincando en su primer día.
Me acuerdo de tus llamadas en navidad, tus "Hola princesa, ¿qué tal estás". Quizás, si habías tenido un día malo "Nena, no puedo más". La cosa es que siempre podías. Más, más, muchísimo más. Siempre buscabas mi risa, hubiera llovido, hubiera nevado, hubiera habido vientos huracanados o el apocalipsis universal. Siempre fuiste fiel. Leal.
Te preocupaste por mí siempre.
Viví con miedo unos días, en los que la incertidumbre podía haber congelado tus piernas para siempre. Mi corazón estaba igual. Juntos, echamos a caminar de nuevo. No de la mano, no siempre al lado, pero siempre comprobando... Que nos seguíamos, que nada podía separarnos.
Yo nadaba entre arrecifes de madreperla, acantilados de marfil, playas de arena de estrellas. Entre todo lo excelso, y entre todo ello estabas tú.
Reconozco mi egoísmo al haber habido un momento en el que quise caminar sola, sin el amparo de nada, ni nadie. Incluido tú. Pero necesitaba demostrar... que de todo era capaz.
Siempre tuve el sueño tonto de estar un día en casa mirando al espejo, y recibir la visita de un cuello perfumado por detrás, y unos labios conocidos en la oreja. Tener que levantarme, arreglarte el cuello de la camisa, colocarte la corbata y apretar el nudo. Mirar que llevas mis gemelos -sí, mis iniciales a fuego-, y después reírme, porque sé que sólo vienes de un modo imperfecto para que yo te recoloque entero. A lo mejor querría que el collar de perlas que llevo fuera tuyo, o quizás que el pañuelo que esta noche luces en el pecho se me hubiera caído a mi. Lo que seguro querría siempre es que estuvieras tan guapo como esta noche. Me alegra verte así.
Reconozco tantas cosas, recuerdo tantos hechos, soy consciente de tantas bendiciones...
Que llega un momento que enloqueces.
Pues bien, no sé por qué me enfadé.
Sólo espero que me perdones.
Comments on this Flogup (3/25):
rolando_cortes @ 07/02/2010 at 05:28 wrote:
Siempre ocurre que después de enfadarnos mucho...tenemos que rogar o pedir disculpas por el arrebato; mejor es hacernos el compromiso de que cada vez que estemos juntos procuremos pasar un buen rato. Después vienen los lamentos de no haber aprovechado el tiempo en que nos sentíamos enamorados. Del amor hay que hacer derroche, los detalles hay que olvidarlos y jamás hacer reproche.
diana_fufu @ 08/02/2010 at 00:04 wrote:
alta foto esta rre copada