Para un señor de ojos marrones y mirada gris. Por pintarme demasiadas veces el mundo negro, y demostrarte, que por mucho que te empeñes, sigue siendo tan gris... como el blanco.
"Polvo de estrellas"
Esta es la costa que querías.
La arena se cuela entre los dedos, y se oye el bramido de las olas a lo lejos. Delante de los ojos se extiende una vasta extensión de arena blanca, agua de mar, espuma blanca y constelaciones. Es la costa del olvido, amigo mío. Pocos han entrado en este paraíso, pero ninguno ha salido. Es algo que llevo conmigo siempre, mi via crucis y mi never muerte. Hay dolor, desolación, gritos y silencio. Rugidos, aullidos y ningún gemido. Pero también hay paz, hay tranquilidad, calma, agua y soledad. Estamos sólo tú y yo. Abrázame, que tengo frío. Te prometí llevarte en sueños a este lugar, pero nunca te dije para qué. Ven, caminaremos juntos. La arena es fría y juguetona, de un color blanco como la cal, y suave como la piel de un armiño. Se hunde dócilmente bajo nuestros pies descalzos, y se eleva con cada paso formando una nube fantasmal detrás. Nuestras huellas se borran con un barrido de viento, pero seguimos caminando, a través de esta bahía insondable, inalcanzable, interminable. Las olas a veces llegan y nos mojan los pies. Nos acarician tenuemente, flirtean con nuestros tobillos, y vuelven a bajar. El retorno eterno al mar. Soledad. Sí, aquí sí puedes llorar. Este mar nació de las lágrimas de algún marinero sin sirena que amar, o de alguna gaviota sin velero que coronar. El sueño de todo destino roto. Escribamos en la arena. Todos nuestros sueños, todos aquellos a los que dimos nombre, todos los apodos que tendrían los hijos que no tendremos, todos los besos que nos darían las esposas que no amaremos, y todos los abrazos que nos regalarían los padres que perderemos.
Escríbelo todo, con tu dedo. ¿Te acuerdas de cuando eras un niño y te dabas prisa en escribir todas tus iniciales antes de que el mar se las llevara?. Aquí puedes tener calma. Deléitate en cada sueño roto, en cada destino negro; escribe cada decepción con cuidado y atención, con amor, con fidelidad y esmero. Escríbela como te gustaría que escribieran tu nombre en la invitación de una boda rimbombante y cara.
Y ahora sí, cógeme de la mano. Mírame los ojos, yo estoy llorando. El mar limpia esas palabras en la arena, todo lo truncado desaparece en agua de mar. Lágrimas de sirena, de gavilán. Sí había sirena, el marinero lloraba por su fatalidad. La gaviota lloraba por que un pájaro más grande se la iba a comer. Y tú te estás disolviendo, y sólo puedes ver que mis ojos de cristal reflejan el mar, un mar lecho de estrellas, galaxias y constelaciones, vagando a la deriva, chocando, creciendo, menguando, estallando y volviendo a nacer. Qué grato consuelo, desaparecer en la costa del olvido, con el último reflejo de mirar a un espejo, y ver que solo eres…
Parte del firmamento.
[Kagaya, para mi, es el que mejor ha dibujado nunca el paraíso (o psiquiatrico) mental que yo tengo en la cabeza. Y os instaría a que no dejaráis de ver imágenes suyas..]
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