En ocasiones resulta muy difícil resistirse a una tentación. Y más cuando se trata de una de ésas que estabas esperando desde hacía tanto tiempo.
Hoy he trabajado de azafato en Esprit, una tienda de ropa que han inaugurado en Passeig de Gràcia. He estado repartiendo globos a los niños que pasaban por la calle. Tenía a mi disposición globos de helio, así que, por supuesto, he hecho de las mías. Todo muy divertido, la voz de pitufo, las risas... Todo, hasta que ha surgido un pequeño problema. La situación:
Yo en el almacén de inflar globos. Mi boca y mi estómago llenos de helio. La encargada entra en el almacén y me hace una pregunta, a la que evidentemente no puedo responder, porque se percataría de la situación. Así que decido empezar a toser, con los ojos de la jefa inyectados en sangre (yo creo que sospechaba algo).
Total. Que yo creo que el helio ha estado dentro de mí más tiempo de lo normal y me he empezado a encontrar muy, pero que muy mal. Tanto que casi vomito en medio de la tienda, pero por suerte he llegado al baño, jaja. En definitiva, no entiendo por qué al helio le llaman gas noble. Ni entiendo por qué hago estas cosas.